consejos para que no te importe la opinión de los demás

5 consejos para que no te importe la opinión de los demás

Hacer que no te afecte lo que opinen los otros sobre ti no tiene nada que ver con una actitud rebelde, de adolescente que odia el mundo y hace lo que le da la gana, sin importar el daño que pueda generar en su entorno.

Tampoco está relacionado con una actitud de creerse la tapa del frasco, de que tú eres mejor que los demás y por lo tanto no escuchas a nadie.

Lo que buscamos con este comportamiento es apagar la voz maldita.

Que no te importe lo que piensen los demás te dará una paz mental que sacará lo mejor de ti en tu trabajo creativo y en tu vida en general.

Aunado a ello, estarás más tranquilo, tu existencia tendrá paz y harás lo que realmente desees, sin buscar validación externa.

Para lograr esto, necesitas herramientas.

5 consejos para que no te importe la opinión de los demás

Nadie piensa en ti

Esto está científicamente comprobado. El ser humano piensa implementa 90% de su tiempo para pensar en él mismo.

¿Quieres confirmar esta teoría?

Audita tus pensamientos durante las próximas 24 horas: la mayoría tendrá que ver con tus problemas.

Entonces, recuerda que nadie piensa en ti, porque todos están pensando en ellos mismos.

Busca mentores

Apóyate en los mejores maestros para diseñar tu estilo de vida, así callarás a las voces negativas e inexpertas. Crea un grupo ficticio de asesores (autores que tú respetes).

Por eso insisto tanto en los libros, en los mentores.

La mayoría de las personas no saben qué hacer con su vida. Mucho menos estarán seguros de qué debes realizar con la tuya. Eso incluye a tus padres.

Si tienes buenos consejeros, no obstante, sentirás que cada acción que hagas estará respaldada por estas seres humanos exitosos y callarás voces que quizás no son expertas en el tema.

Ten un propósito

Imagina que tu vida no es para ti, sino para los demás. Ten un propósito más grande que tú. Fija un norte claro.

Una forma de eliminar miedos y neurosis es olvidándote de ti.

El pavor a hablar en público se quita cuando te das cuenta de que tú estás allí para aportar a los demás.

It’s not about you.

Cuando te enfocas en agregar valor, los nervios se evaporan. Cuando pones la atención en los otros, se va la tensión de tu cuerpo. Cuando la visión es más grande que tú, tus incomodidades se vuelven insignificantes.

Cada quien evalúa la realidad con sus lentes

Ten en cuenta que lo que piensen los demás no tiene nada que ver contigo. Suena comeflor, pero es la pura verdad.

No tiene nada que ver contigo porque esas personas poseen sus creencias y ven la realidad con otros ojos.

Otros seres humanos pueden tener convicciones diferentes a las tuyas, y por eso pueden llegar a pensar que tú estás equivocado, que estás viviendo la vida de forma incorrecta o que no eres inteligente.

De nuevo: eso habla más de ellos que de ti.

Mantente ocupado

Tiempo de ociosidad = tiempo en el que el cerebro se estresa por tonterías.

Si tú estás todo el día en tus cosas, pensando en tus proyectos y en cómo podrías crecer, no tendrás espacio para pensar en estupideces.

Cuando estás enfocado en tu camino y en lo que aportarás a la sociedad, olvidarás la opinión de terceros.

Ejecuta, haz, muévete, y poco a poco las voces se callarán.

¿Por qué me importa tanto la opinión de los demás?

A los 14 años tenía una práctica macabra.

Al final de la jornada, luego del colegio, repasaba en mi mente todas las interacciones que había tenido en el día. 

Conversaciones, miradas y lo que los oídos hubiesen captado a la distancia.

El ejercicio, insólito en retrospectiva, buscaba determinar si en alguno de esos momentos lo dicho o hecho por X o Y significaba que él o ella pensaba mal de mí.

En esta evaluación narcisista y neurótica, mi cerebro segregaba químicos que me hacían sentir pésimo, derrotado. 

Un verdadero infierno. 

Ignorante en la materia para ese entonces, luego de producir ese cocktail de la muerte en el coco, evaluaba qué tan bien estaba mi vida. 

Bajo qué criterios hacía ese diagnóstico, vaya usted a saber, pero las conclusiones siempre eran parecidas: todos me odian. 

Cada pensamiento, descubrí lustros después, es una profecía autocumplida. 

Yo buscaba compensar -”lograré que nadie me odie”- y en consecuencia generaba el efecto contrario.

Si tienes miedo a lo que puedan decir, nunca serás libre.

Ese niño infeliz ignoraba que el que busca caer bien es repelido. 

Aquel muchacho todavía no había comprendido que nadie pensaba en él, porque todos estaban preocupados por ellos mismos.

Estaba absorto en mí. Lo que los gringos llaman too self-concerned.

Años de estudio y decenas de libros después, descubrí que la práctica macabra no era un invento mío: todos, en mayor o menor medida, creamos estos relatos funestos en nuestros cerebros.

Que si no sé quién me miró feo, que si Zutano piensa que yo tal, que si Mengana sabe que yo cual.

Hipótesis, presunciones, confabulaciones. 

Narcisismo y neurosis.

En resumen:

A nadie le importa tus proyectos, ni tus problemas, mucho menos tu vida.

Y eso es una muy buena noticia.

Construye a partir de allí.

El miedo al qué dirán

“¿Debo prestar atención a lo que dicen los demás sobre mí?”.

Escucha a todo el mundo. Analiza el feedback que recibe tu trabajo.

Pero, al mismo tiempo, ten claro desde dónde vienen las famosas críticas constructivas.

Muchas veces tienen que ver más con las inseguridades y la filosofía de vida de la persona que te las está diciendo que sobre la naturaleza de tu trabajo creativo.

En líneas generales, si los comentarios que recibes te motivan, síguelos.

Si te achicopalan, deséchalos.

Alguien que piensa mucho sobre el qué dirán los demás te transmitirá las mismas paranoias.

Alguien enfocado hacia la seguridad te aconsejará no luchar por la libertad.

Alguien que tiene miedo a la luz pública te recomendará no exponerte.

Escucha a todo el mundo, pero decanta la información.

Entiende que todos ven la vida desde sus propios lentes.

Sigue confiando en tu trabajo y no dejes de prestarle atención a la voz más importante: la tuya.

¿Qué es la audiencia imaginaria en la adolescencia?

Traemos un mal desde la adolescencia: pensamos que tenemos una audiencia pendiente de cada uno de nuestros pasos.

Explica Ryan Holiday en ‘Ego is the enemy’:

“Todos estamos llenos de ansiedades, dudas, impotencia, dolores y, a veces, un poco de locura. Somos como adolescentes en este sentido.

Como ha investigado el psicólogo David Elkind, la adolescencia está marcada por un fenómeno conocido ahora como la «audiencia imaginaria».

Pensemos en un chico de trece años tan avergonzado que pierde una semana de clase, seguro de que toda la escuela está pensando y murmurando sobre algún pequeño incidente del que, en realidad, casi nadie se dio cuenta.

O una adolescente que pasa tres horas frente al espejo cada mañana, como si estuviera a punto de subir al escenario. Lo hacen porque están convencidos de que el resto del mundo observa con gran atención todos sus movimientos”.

Recordatorio amistoso de que nadie está pendiente de ti.

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